| El circo de las lenguas |
|
|
|
| Colaboraciones - Nacionalismos | |
| Escrito por Rafael González Casero | |
| jueves, 03 de junio de 2010 | |
|
Una vez más, el sentido común es el menos común de los sentidos cuando entran en juego intereses nacionalistas que no se resignan a quedarse en lo meramente simbólico, sino que siguen con paso firme su hoja de ruta marcada, que pasa por esprimir aún mas si cabe a las arcas públicas para saciar sus románticas ilusiones. Los que acusan de alarmistas a quienes ponen el grito en el cielo cuando suceden cosas como las del Senado, argumentaban que 6500 euros son el chocolate del loro y su ahorro no repercutiría en modo alguno en la reducción del déficit del que adolece nuestra economía. Están en lo cierto, pero el error de bulto es poner énfasis en el escaso ahorro que supondría suprimir ese gasto y no ver lo que implica que, una vez más, se ceda a los caprichos nacionalistas con tal de que éstos no den la murga y se queden callados por un tiempo. Además de suponer un feo gesto por parte de los dirigentes políticos el hecho de que empleen dinero público en traducirse unos a otros cuando todos conocen y entienden la lengua común de España, se llega a lo absurso al demostrar que lo que se pone en práctica en la calle por la gente corriente todos los días, se deshace de manera alambicada por los políticos en lugares tan dignos de respeto y seriedad como son las cámaras legislativas. Si un castellano acude a un restaurante o tienda donde los empleados hablan catalán, al preguntarles éste cualquier cosa, automáticamente estos cambian el chip y se ponen a hablar en español, pues por mero sentido común, será ésta la fórmula por la que puedan entenderse. Pero no, no se justificarían los políticos nacionalistas si se fijasen en lo que la calle hace, que es la mejor muestra de como los españoles de unas regiones y otras, de las que tienen entidad histórica y de las que no, se entienden para llevar adelante sus vidas y sus negocios sin buscar complicaciones donde no las hay. En mi opinión, tan criticable es el hecho de que se malgaste tiempo y dinero en hacer cosas tan fútiles como las del Senado esta semana se viva una situación de crisis o no; lo que sucede, es que generalmente el votante, cuando su situación económica es buena, directamente pasa de hacer caso al hecho de que para escuchar hablar a Montilla, Chávez tenga que ponerse el pinganillo. Pero cuando esto no es así, el desapego a la clase política es aun mayor en una sociedad demasiado hastiada de sus dirigentes. Resulta dificil comprender como alguien se sorprende todavía cuando se incrementa la tasa de abstención electoral o los políticos pasan a ser el tercer problema del país según las encuestas.Se lo ganan a pulso | |
Revisar todos los artículos de este autor |
|
| < Anterior | Siguiente > |
|---|