| Rousseau como francmasón |
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| Colaboraciones - Historia | |
| Escrito por José María Fernández Gutiérrez | |
| lunes, 06 de septiembre de 2010 | |
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De este titular se puede deducir fácilmente que su fusilamiento tuvo una relación directa o fue causado por su militancia masónica y no fue así. Ambos hechos no tuvieron nada que ver entre sí. Lo he escrito en varias ocasiones y, como ya está dicho, me limito a transcribir el texto de alguna de mis explicaciones anteriores. Y que cada uno saque las conclusiones que le parezca. Las mías están claras y he querido dejarlas claras reiteradamente. Algo de lo dicho por mí con anterioridad: “¿Fue claro el abuelo? ¿Vivió bailando al sol que más calienta? Juan Rodríguez Lozano perteneció a la logia masónica Emilio Menéndez Pallarés, número 15 de los Valles de León y en su expediente hay dos títulos, uno que lo acredita como aprendiz y otro como compañero de la citada logia. Su nombre en la masonería era el de Rouseau (sic). Tras la dictadura de Primo de Rivera, el 23 de abril de 1931, Rodríguez Lozano “Promete por su honor servir bien y fielmente a la República”. Y lo firma. Tenemos ya claro que el abuelo era masón y republicano. El abuelo dirige a Julián Zugazagoitia, director de El Socialista, una carta ofreciéndose a colaborar en el periódico “con seudónimo y sin firma”, esto último porque los militares tienen prohibido participar en la vida política y colaborar en medios de comunicación. Su colaboración, como dice, tendría por finalidad la difusión de las ideas socialistas y mantener informados a los mandos republicanos de cómo piensa cada cual en los cuarteles, qué periódicos leen y quiénes son monárquicos y quiénes republicanos y gentes de fiar. Un ofrecimiento en toda regla, de espía y de soplón. Por el contenido de esta carta, el abuelo prestó declaración en el Aeródromo de León el 17 de noviembre de 1934. Rodríguez Lozano reconoció su autoría y añadió, a regañadientes, que tenía “grado” en la logia masónica de León. Y, en la causa seguida contra él, tras el registro de la sede de El Socialista, se concluye que el abuelo era “informante”, es decir, espía. El abuelo fue espía. Lo fue. El 22 de abril de 1935 el capitán fue sancionado con ocho meses de suspensión de empleo y sueldo por falta grave tipificada en el Código de Justicia Militar. El abuelo fue masón y espía. Pero el abuelo no fue fusilado por su filiación masónica porque el primero de los Decretos que publicó Franco contra la masonería es de 15 de septiembre de 1936 (BOE) y ya un mes antes, 18 de agosto de 1936, Rodríguez Lozano había sido fusilado en Puente Castro (León). La historia de este fusilamiento va por otros derroteros. Tal vez una explicación válida en parte y válida en parte también para el comportamiento y las obsesiones de su nieto la hallamos en la p. 226 del libro La gran revancha donde se dice: “Cuando un periodista de León, naturalmente de derechas, se refiere al parangón existente entre el jefe del gobierno y su mencionadísimo abuelo Juan Rodríguez Lozano, dice así en un mensaje colgado en internet: “Por lo menos, su abuelo defendía el orden instituido, no lo subvertía como el nieto”. En verdad, la afirmación es matizable: ya sabemos que el capitán ejerció de “agente doble” durante el bienio republicano que podríamos llamar de “derechas”: por un lado, participaba en la represión contra los revolucionarios de Asturias, y por otro, se ofrecía al partido Socialista como informador y hasta agitador del Ejército.” “Cuando estalló la guerra civil, el abuelo, el capitán Rodríguez Lozano, estaba en San Pedro de Luna. -hoy San Pedro no existe porque se lo tragó el pantano- en casa de los cuñados, el panadero Manuel Hidalgo. San Pedro, al comenzar la guerra, fue zona republicana, aunque, cerca, un poco más abajo, en la peña de Los Barrios de Luna, mandaban los nacionales. El abuelo, teóricamente, debería estar bendiciendo su suerte porque el día del alzamiento estaba con los suyos, los republicanos, pero no fue así; su comportamiento fue ilógico, porque se marchó a zona nacional, a León. ¿Sería tan rojo el abuelo, como dice ZP, si no hacía mucho tiempo, torturaba con saña a los mineros asturianos, los rojos de verdad? ¿Tendría miedo Rodríguez Lozano a los rojos que bajarían por el valle de Luna procedentes de Asturias? ¿Tendría miedo el abuelo a los mineros y por eso huiría de San Pedro a León donde estaban los nacionales? Su cuñado, Manuel Hidalgo, el panadero de San Pedro, debía ser nacional porque, cuando, al mes de estallar la guerra civil, San Pedro fue ocupado por los nacionales y se estableció allí el frente, el Teniente Coronel del ejército Nacional se asentó en la casa de Manuel y no sólo no sufrió, que sepamos, represión alguna, sino que parece que había cordialidad mutua entre el Teniente Coronel y el panadero. Por ello, pensamos que su cuñado Hidalgo, el cuñado del abuelo, era nacional. Y nos volvemos a preguntar ¿cómo siendo el abuelo tan rojo como dice ZP podía ir de mil amores durante los veranos y en numerosas ocasiones a la casa de un “facha” por más que éste fuera de la familia? ¿Será que ZP, el presidente del gobierno sueña un mundo de buenos y malos y él, sin más fundamentos, asigna a cada uno el papel que a él le gustaría que hubiese desempeñado? ¿Será que Zapatero se siente iluminado y predica una idea cual Pablo de Tarso, cual cruzado en Tierra Santa, cual Pol Pot, cual Stalin?” En cualquier caso espero haber aportado otra voz a la historia de este asunto. | |
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