Tres apuntes de otoño PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - España
Escrito por Honorio Feito Rodríguez   
miércoles, 20 de octubre de 2010

ImageHa pasado casi inadvertida la muerte en París, a los ochenta años, de Alberto Oliveras.  Los famosos son referencia para los mortales de tal manera que se identifican con un tiempo, con una época, y algunas generaciones crecen en compañía de cómicos, cantantes, presentadores o deportistas. Son referencia de su tiempo. Hubo, pues, un tiempo, lejos de esta sociedad ensimismada en el consumo, ajena a la sensibilidad y despótica con todo aquello que tenga que ver con la nostalgia, en que Alberto Oliveras llenaba las noches de muchos españoles de todas las edades a través de sus emisiones radiofónicas.

Hacía programas de contenido social, capaces de conmover las conciencias de unos españoles movidos por la esperanza, y solidarios. Sí, solidarios, que este término no lo han inventado los progresistas, ni el comportamiento es exclusiva de ellos. Estos programas de contenido social, quiero decir, de ayudas para financiar imposibles para los más necesitados, con fundamentos válidos y coherentes, ya se vienen celebrando desde el siglo XIX, a través de la prensa, servían para resolver cuestiones relacionadas con el dinero a personas que lo necesitaban de verdad, y que estaban excluidas de los mecanismos del Estado para resolver su situación. Don Evaristo Fernández San Miguel, que además de teniente general y ministro en varias ocasiones, fue el creador de varios periódicos, puso en marcha en El Espectador, varias campañas de ayuda a las viudas de los militares liberales fallecidos en las diferentes campañas de su tiempo, por ejemplo, cuando aún no había eso de las clases pasivas, que él luego instituyó. Los medios de comunicación han sido el vehículo para que estas ayudas solidarias, surgidas ante la llamada de un presentador como Oliveras, y reunidas moneda a moneda a través prestaciones desinteresadas de esos españolitos anónimos, pero solidarios con el problema ajeno, fueran una solución para alguien que se encontraba en una situación apurada. Evidentemente, una sociedad bien distinta de esta actual donde parece que lo único que nos preocupa es la ropa, el móvil y el coche, y muchos programas de televisión están hechos para escarnio de sus protagonistas, aunque cobren suculentas sumas por desvelar secretos de alcoba, o contar sus intimidades. En mi infancia, tal vez quien mejor representó aquellos programas de ayuda o socorro social, a través de los medios de comunicación, fue Alberto Oliveras. Descanse en paz.

La ministra Chacón ha tenido la oportunidad de callarse, una vez más, y no errar de nuevo. Hacer una ley que controle las reacciones de la sociedad no garantiza que al presidente del gobierno actual no le abucheen por donde pasa. Hay quien dice que no fue el momento oportuno, cuando se estaba rindiendo el homenaje a los caídos. Tengo para los caídos por España todo mi respeto y mi cariño, el recordatorio permanente, y no discuto si el momento fue o no oportuno, otra cosa es que los españoles no tienen muchas oportunidades para silbar a ZP por la sencilla razón de que ZP no da la cara ante los españoles. Llegó por la puerta de atrás, a ese mismo acto, y sobre el respeto a los caídos, sería bueno que, en relación con ese respeto que ahora sí parece que tienen los que defiende a ZP, que aclararan a los españoles qué coño están haciendo en el Valle de los Caídos, qué clase de respeto tienen y, sobre todo, qué quieren justificar con esas prospecciones, o qué esperan encontrar. Los que allí descansan son de los dos bandos y los cuerpos fueron llevados y depositados con el permiso de sus familiares, así que allí están demás los talibán de ahora salvo para honrar la memoria de lo que aquello representa. Y, por cierto, no estaría demás que algún miembro de la Corona, del gobierno de España, o de las instituciones del Estado que nos cuesta el dinero a todos los españoles, llamara la atención de Anasagasti, que habló de “volar” el Valle de los caídos. Desde luego, a algunos vascos de pacotilla esto de “volar” parece que les gusta mucho.

Voy a referirme, por último, a Laporta (el lector comprenderá que no utilice el tratamiento de señor, que supuestamente lleva implícito cualquier apellido, salvo aquellos que no merecedores de tal tratamiento). Laporta parece que ha pasado por el Barcelona como un huracán. A mí no me parece que el Barcelona sea más que un club, es más, me parece un buen club, pero sólo eso. Da igual. Laporta, que hereda los vicios de muchos de los que politiquean acá y acullá, parece que ha maquillado las cuentas a su favor para ocultar gastos y más gastos que los socios del Barcelona parece que le han demandado, es cosa de ellos, pero lo que me llama la atención es que ha querido justificar su “manirrota” pericia diciendo que el actual presidente, su sustituto Rosell, le ha difamado “para pagar favores a la caverna mediática española”. Es insostenible la tesis del nacionalismo si no va acompañada del tema económico. Estos jerifaltes lo justifican así, y algunos crédulos lo asumen como propio (lo del nacionalismo, claro), y lo defienden contra viento y marea, sin darse cuenta de que detrás de ese supuesto ansia nacionalista, que justifica cualquier pecado con tal de seguir amasando dinero para lapidarlo sin ningún rubor (se habla de una querida, se habla de cuantiosos regalos caros a jugadores y técnicos, y de no sé cuántas cosas más), digo que mientras estos piden y gastan sin control, los crédulos pagan encantados en nombre de ansiosas utopías negando a su propio padre. Por cierto, el presidente de la Junta de Andalucía, señor Griñán, también podría haberse quedado mudo antes de poner en marcha la ridícula medida de pagar un dinero a aquellas mujeres que puedan demostrar que fueron mancilladas durante el franquismo.


Honorio Feito Rodríguez
Acerca del Autor:

Periodista nacido en Meras (Valdés).Ha escrito varias novelas. Ha ganado el premio del Banco Hispano Americano con “Los Invitados (1983). Ha escrito la biografía  “Evaristo San Miguel, la moderación de un exaltado”.

Actualmente tiene en imprenta un libro sobre los asturianos en el Congreso y en el Senado.


 
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