| Octubre, no te entiendo |
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| Colaboraciones - España | |
| Escrito por Rafael González Casero | |
| miércoles, 03 de noviembre de 2010 | |
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También se consagra a finales de octubre lo que para mi es una fechoría en toda regla, que es el cambio horario que nos roba horas de luz, y con el que tan sólo se ahorra un 5% de energía según los especialistas más entusiastas. Puede que en muchos países europeos esta adaptación de horario sirva para algo, pues la vida en buena parte de ellos finaliza en torno a las 5 de la tarde; pero en España, donde la vida se prolonga hasta las 10 u 11 de la noche en gimnasios, bares y centros comerciales, no tiene sentido este robo a mano armada del sol que tan buen estado de ánimo nos reporta. Pero, cuestiones horarias y de costumbres aparte, ese décimo mes del año me resulta especialmente curioso por dos motivos: la celebración del Día de la Hispanidad y de Halloween- que, aunque técnicamente sea el día 31 de octubre por la noche cuando se celebra, es decir, ya día 1 de noviembre, a nadie se le escapa que la semana anterior son numerosas las fiestas que se organizan para celebrar esta tradición anglosajona-. El día de la Hispanidad, que conmemora nuestra importantísima aportación al mundo, y que es además, fiesta Nacional de España, pasa desapercibido para la mayoría de los ciudadanos, como si fuese un día feriado más que nos viene muy bien tener cuando cae en lunes o viernes por aquello de hacer puente. Son muchas, demasiadas, las personas que cuando se va acercando la fecha, saben que el 12 de octubre es festivo, pero no conocen muy bien por qué. Se comete el error de decir que es el día de las Fuerzas Armadas- por aquello del desfile en Madrid- incluso por medios de comunicación y tertulianos de programas de televisión y radio que, cuando menos, deberían estar someramente informados de lo que se celebra ese día. Finalmente, todo queda reducido a un colorido desfile militar en Madrid, al análisis de los corrillos que se hacen por los políticos que asisten al acto, y poco más; esta es la celebración de nuestro día grande, del día grande de nuestro país que para la inmensa mayoría es una fecha más marcada en color rojo en el calendario laboral. Sin embargo, pasadas unas dos semanas desde 12 de octubre, los medios de comunicación de masas, las tiendas, los locales nocturnos, los colegios y miles de ciudadanos, se vuelcan con la celebración de una tradición anglosajona que jamás ha tenido arraigo en nuestra cultura: Halloween. Es curioso observar como los que se denominan <<anti imperialistas yankees>> de toda la vida y muchas personas a las que ni les va ni les viene la fiesta en cuestión, salen disfrazadas a la calle para asistir a fiestas en locales especialmente decorados al efecto; como en los colegios los niños decoran las famosas calabazas que tantas veces hemos visto en las películas procedentes del otro lado del Atlántico y la manera en que los informativos y programas tipo magazine dedican buena parte de su espacio a fomentar y analizar la fiesta. Por supuesto que la mayoría de la gente que acude disfrazada a una fiesta de Halloween simplemente lo hace por pasar la noche de otra forma diferente a la habitual, pero no deja de ser triste que se le dé tanto bombo y platillo a una tradición importada y con la que muchos se lucran, y a la vez dejemos reducida a la mínima expresión la celebración que une a millones de personas en todo el mundo, como es la Hispanidad. En un viaje no muy lejano en el tiempo a Estados Unidos, tuve la ocasión de sintonizar canales de países hispanoamericanos desde la habitación del hotel. Pues bien, mi sorpresa y origen de envidia fue observar como desde mediados de septiembre, se anunciaba la fiesta de la hispanidad como algo grande, digno de celebrar y de vivir; me llamó poderosamente la atención el hecho de que incluso las empresas de telefonía móvil mejicanas ofreciesen descuentos y tarifas especiales para, como decían los anuncios <<celebrar el mes de la hispanidad>>, ¡no el día de la hispanidad! Descolocado y sorprendido, no alcancé a entender cómo los países que en su día fueron colonia española, celebren por todo lo alto el hecho hispano, y se sientan orgullosos de una cultura y especialmente de una lengua que comparten con varios centenares de millones de personas en todo el mundo. Mientras en España los agoreros propagandistas de la <<leyenda negra>> se flagelan pidiendo perdón y avergonzándose de que su país llevase su cultura a América, los países que en su día se independizaron de la que todavía denominan Madre Patria celebran con orgullo su origen, su historia y su condición. Parece mentira que en el país donde se originó el hecho hispano y que fue motor y precursor de su expansión cultural se celebre menos la hispanidad que al otro lado del Atlántico. ¿Se imaginan que en una ex colonia francesa se celebrase con más intensidad el 14 de julio que en la propia Francia? Pues eso nos pasa a nosotros, los españoles aburguesados del Estado del Bienestar, que sentimos que cualquier muestra de apego a nuestro origen, a nuestras raíces, suena a rancio, a casposo y ¡como no!, a facha, la palabra comodín para desprestigiar algo. Luego viajamos, salimos de nuestras fronteras, y nos encontramos que en Holanda se siente apego por sus tradiciones, en Turquía se exhibe la bandera mucho más que en Estados Unidos y que en Reino Unido se honra a los caídos llevando una amapola en la solapa durante el mes de noviembre; por poner varios ejemplos. Pero eso a nosotros, los que damos clase al mundo de democracia y corrección política nos parece fuera de lugar si se hace en nuestro país. En definitiva, y aunque mucha gente no repare en ello, entristece, pos supuesto que entristece comprobar como dentro de un mismo mes se puede dan dos fenómenos tan dispares: la exaltación de una tradición importada y la reducción a la mínima expresión de la mayor aportación que ha hecho nuestra nación al mundo. Octubre, no te entiendo. España, no te entiendo. | |
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