| Han cerrado el Valle de los Caídos |
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| Colaboraciones - España | |
| Escrito por Honorio Feito Rodríguez | |
| jueves, 25 de febrero de 2010 | |
El pasado 20 de diciembre publicaba yo en Asturias Liberal un artículo titulado: “Valle de los Caídos, valle de la conciliación”, aprovechando la salida al mercado de un libro del periodista D. Juan Blanco Ortega, titulado: Valle de los Caídos, ni presos políticos, ni trabajos forzados. Se hablaba y se rumoreaba acerca del futuro del complejo religioso-arquitectónico que preside la finca del Pinar de Cuelgamuros, temiendo que la cobardía de la que ha hecho gala este gobierno presidido por el señor Rodríguez-Zapatero (ante el mutis del propio partido socialista y el silencio, incluso, de Su Majestad el Rey de España), pudiera, como parece ser que ha ocurrido ya, afectar a este punto del eje Madrid, Valle de los Caídos, El Escorial que, al margen de otras connotaciones, que debería tener para los españoles, ha sido fundamental en el atractivo turístico de la Comunidad de Madrid. La noticia saltó hace ya varias semanas. Un suelto, en los principales periódicos llamados nacionales (¿?), daba cuenta del cierre del complejo, suspendiendo todas las actividades, incluidos los retiros espirituales en la Hospedería. Según estas informaciones, que prácticamente han pasado desapercibidas, la comunidad religiosa ha tratado de negociar la permanencia de actividades pero los interlocutores del Patrimonio Nacional, cumpliendo órdenes del Ministerio de la Presidencia, del cual depende orgánicamente, e incluido a su vez dentro del organigrama de la Vicepresidencia primera del Gobierno, se han mostrado inflexibles y únicamente se permite la misa de las once de la mañana, estando cerrado el acceso al complejo que únicamente abre sus puertas un cuarto de hora antes de la misa de las once, y las cierra media hora después de terminar el acto religioso. Se ha especulado si el cierre se debe a obras para arreglar las goteras, y se ha desmentido, por algunos medios, que existan tales obras, ni andamiajes que permitan vislumbrar que tales obras se van a realizar en breve. Todo parece indicar que el cierre es, como ya ocurriera con la retirada de las estatuas del Generalísimo, una fechoría más de una banda de cobardes que parecen disfrutar haciendo daño a muchos españoles. ¿A qué tienen miedo?. ¿Acaso creen que algún espíritu asomará en sus cámaras, a media noche, o de madrugada, pidiendo cuentas de sus acciones?. ¿Tienen la conciencia tranquila?. ¿Acaso buscaban aplacar las críticas por la crisis que, recuerdo, no existía hace tan solo unos meses, desviando la atención hacia otro punto…? Me debo estar haciendo viejo porque ya me empiezan a tocar las narices (he prometido a un sacerdote amigo mío moderar mi lenguaje y no entrar en palabras soeces), estos rojos que presumen de lo que no son. Porque, a ver, ¿qué tiene de socialista la señora vicepresidenta que luce modelitos con tal desparpajo que se parece más a una de las secretarias de presidente de la ITT? ¿Qué tiene de socialista aquel ex ministro que cuando lo era cazaba como un burgués junto a Garzón? ¿Qué tienen que ver con Julián Besteiro el señor Caldera, o Sebastián, ¿Cuántas veces ha bajado al tajo el ministro de Trabajo?. ¿Y el señor Blanco?, ¿Y Leire Pajín?, ¿Y la que reparte millones para los maricones de no se qué país africano, con la misma soltura con que aprueba subvenciones para estudiar los picores del clítoris de unas cuántas mujeres a las que les pica el clítoris, que no se consuelan seguramente ante tanto maricón que anda suelto? (He prometido no caer en descalificaciones soeces). La escueta nota publicada en la página web de Patrimonio Nacional dice que el cierre, desde el pasado 23 de noviembre, es por obras de conservación, permaneciendo abierto al público el recinto y el primer vestíbulo de la Basílica (la tienda-librería). Las noticias, de los diarios virtuales también hablan de las numerosas gestiones realizadas por el Abad de la Basílica, el Arzobispado de Madrid y la Nunciatura de la Santa Sede, gestiones que, según esta fuente, han llegado incluso al palacio de la Zarzuela, ante el Jefe del Estado que, hasta la fecha, y salvo error, no se ha pronunciado sobre el asunto. El Valle de los Caídos era el lugar más visitado por los turistas. Más, dicen, que el propio Monasterio de El Escorial. Ninguna razón, desde la lógica y el sentido común, aconsejan su cierre, aún menos cuando la razón y la lógica que inspiraron su creación obedeció a la noble causa, como ya dijimos en el anterior artículo, de que sirviera para la reconciliación de las dos Españas enfrentadas en la última Guerra Civil. Allí están enterrados muchos españoles de los dos bandos, con el permiso de sus familiares, gozando del descanso de la vida eterna que perdieron, los más, al servicio de un ideal. Sólo un mezquino pensará que lucharon por egoísmo. La paz, la tranquilidad y el respeto de cuantos allí descansan, es algo que parece que se pa san por el arco del triunfo los responsables de la decisión del cierre del Valle (sigo siendo fiel a mi promesa de no escribir palabras mal sonantes). El 20 de diciembre del 2009, terminaba yo mi artículo con el siguiente párrafo: Es de esperar que ningún energúmeno interrumpa la paz de los muertos por España y la idea de la reconciliación que comenzó oficialmente, por parte de los vencedores, con el decreto fundacional del 1 de abril de 1940, aún cuando en la mente del Generalísimo estuviera presente antes de esa fecha. Léanse el libro de Juan Blanco y visiten el Valle, que merece la pena. Sigo apostando porque se lean el libro de Juan Blanco Ortega, ahora con más ganas, y si pueden, acudan a las once de la mañana al oficio religioso. Yo, por mi parte, pediré en mis oraciones para que se abra de nuevo el Valle y, como solía ser costumbre en mis visitas, rezaré un Padrenuestro ante las tumbas de Franco y de José Antonio, en memoria de todos los españoles que allí descansan. Y le pediré a Dios que me perdone si no puedo reprimir un mal pensamiento para los necios que hurgan en el dolor de las personas y en la tranquilidad de los que allí descansan. | |
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