Entre lo difícil y lo imposible PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - España
Escrito por María Luisa Lajara   
sábado, 20 de noviembre de 2010

ImageSegún se recoge en un diario de tirada nacional, el Sr. Ministro de Trabajo ha manifestado públicamente que “Los jubilados tienen que hacer sacrificios para que la crisis sea lo más corta posible”, sacrificio que, según el Sr. Gómez, debería consistir en que los jubilados acepten de buen grado la congelación de sus pensiones para que la crisis sea “lo más corta posible”.

Desde la perspectiva de una persona de la calle que lee esa noticia, la frase – que merece, desde luego, el calificativo de “La frase del día” que le da el periódico que la incluye en sus páginas – es, cuando menos, una provocación y, al mismo tiempo una clara muestra de falta de sensibilidad no sé si política pero seguramente sí humana (si es que en cuestión de tener o no sensibilidad se pueden establecer compartimentos estanco) que raya en el desprecio y en la crueldad. Porque pretender que sea uno de los grupos sociales más a atender y a cuidar el que se sacrifique, propugnar que el esfuerzo y el sacrificio sea asumido por esas personas generalmente de bastante edad y ya no activas laboralmente hablando, que, por el hecho de ser tales, no pueden contar con la posibilidad que tenemos los demás (aunque en el momento presente esa posibilidad sea, cuando menos, cuestionable) de incrementar sus ingresos mensuales con el desempeño de una nueva actividad o con la mejora en la que ya se está realizando, y que cotizaron para tener una vejez económicamente tranquila, es una insensatez rayana en la estulticia.

    Pero no contento con eso, el Sr. Ministro redondea la expresión de su pensamiento y dice que hasta la próxima primavera no se abordará  el debate sobre la reforma de las pensiones porque no hay prisa en reformar un sistema para el que hay que buscar con calma “fórmulas alternativas, imaginativas, e inteligentes”. Hay que reconocer que si la fórmula es la de pedir a los jubilados que se sacrifiquen – petición que hubiera podido tener un pasar, como suele decirse, si hubiera formado parte de un llamamiento a todas las fuerzas sociales – puede ser, realmente imaginativa, aunque lo sea en un pésimo sentido, pero lo que no tengo tan claro es que sea una alternativa válida y, mucho menos, inteligente.

     Claro es que para buscar y encontrar propuestas y soluciones inteligentes hay que partir de la inteligencia. Y eso, a veces, es no ya difícil sino casi imposible. 


María Luisa Lajara
Acerca del Autor:

Licenciada en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, está al frente del Departamento Jurídico Interno de la empresa Capio Sanidad, S. L. Cursó los tres primeros años en el Real Colegio Universitario “María Cristina” de San Lorenzo de El Escorial, centro adscrito a la mencionada Universidad, y los dos últimos en la Facultad de Madrid.

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