| Fronteras regionales |
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| Colaboraciones - Asturias | |
| Escrito por Ramón Sordo Sotres | |
| sábado, 27 de marzo de 2010 | |
La política española viene determinada desde hace demasiado tiempo por un continuo tira y afloja entre el poder central y diversos movimientos centrífugos que actúan desde la periferia peninsular; con tanta tensión, la cuerda se puede romper de tanto tirar por ella, con lo que a mi entender dentro de unos años se puede llegar a la desunión absoluta de la actual nación y su división en varias Repúblicas, posiblemente enfrentadas entre ellas, o, por el contrario, a la supresión de las autonomías y la restauración de un Estado con un único centralismo.Si se quieren evitar los escenarios anteriores, para que continúen vigentes las autonomías entonces debería suprimirse lo que en ellas no funciona bien, y a escala local un cambio necesario sería la reducción de las desventajas que sufrimos los que vivimos en comarcas vecinas de otras regiones, en las que a veces se crean situaciones absurdas que pueden llegar a arruinar la vida de mucha gente. El principal inconveniente es que hoy día los centros oficiales más importantes a los que han de acudir los ciudadanos no se localizan según los mapas generales de la península sino basándose solamente en los de la autonomía, con lo que pueden quedar lejos de los usuarios; una consecuencia extrema de ello es que un cierto número de personas que viven en la ribera asturiana del Deva se empadronan en Cantabria con el fin de ir, cuando lo precisan, al hospital de Torrelavega –la segunda ciudad de la región vecina—, que ofrece más servicios y al que se llega antes en vehículo, que al de Arriondas (la capital del concejo asturiano de Parres), en el que están inscritos obligatoriamente los vecinos de los concejos asturianos más orientales. El auténtico asturianismo habría de estar atento a estas realidades y tendría que consistir en favorecer a los asturianos proponiendo soluciones para estas irritantes discriminaciones y no en perjudicarlos; además, no se trata sólo de molestias esporádicas, lo peor es que si la oficina, el aula de enseñanza o la cama de hospital a la que cientos de personas deben acudir con frecuencia se sitúan lejos de la residencia habitual, entonces aumenta el riesgo de accidentes durante los numerosos desplazamientos necesarios. | |
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